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La universidad pierde potencial investigador por su "endogamia"

La precarización de los puestos de trabajo, la falta de un baremo "justo" y la escasez presupuestaria lastran el acceso de los jóvenes investigadores a una plaza en la institución

Los tres jóvenes investigadores, de izquierda a derecha, Fátima Mesa, Jessen Ayra y Victor Tagua. - M.PISACA
La universidad pierde potencial investigador por su "endogamia"
01.09.2019 | 01:24 | Sociedad

"El sistema es muy piramidal, y eso no encaja con la realidad en la que nos movemos". Los jóvenes investigadores lo tienen claro: para mejorar la investigación en las instituciones universitarias primero se debe garantizar el acceso a los nuevos profesionales y mejorar sus condiciones laborales. Para ello, la universidad debe "replantearse si quiere ser una enseñanza superior tipo instituto o si de verdad quiere contar con especialistas a la vanguardia que transmitan sus conocimientos y avances a los alumnos".

Los tres se graduaron en Biología, pero la especialización les ha llevado por distintos derroteros. Fátima Mesa y Jessen Ayra son investigadores predoctorales de la Universidad de La Laguna (ULL) a los que les queda muy poco tiempo para leer su tesis. Víctor Tagua es ya investigador en el Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria. Los tres han sufrido y sufren las piedras que el camino pone en el desarrollo de los investigadores noveles en Canarias y ahora, en un escenario en el que la universidad pública va a quedarse sin tejido docente a raíz de las jubilaciones masivas, se ven preparados para asumir estos puestos. Aunque para eso, insisten, el sistema en el que se basa el acceso a la institución debe "sufrir un cambio drástico".

Los años de la crisis ya fueron un varapalo para las plantillas de las universidades. De diez profesores que se jubilaron durante esa época, solo se cubrió una de sus plazas. Pero una vez acabada la crisis, el problema de acceso a las plazas de docencia e investigación (que es una misma figura) sigue siendo prácticamente un imposible para los jóvenes. Especialmente para aquellos que se desvincularon en cierto momento de la institución para cursar sus doctorados o postdoctorados en otros lugares, dentro o fuera de España. "Cuando sales, tienes un billete de ida, pero no de vuelta", afirma Tagua. Algo que corrobora Ayra, que insiste en que es muy difícil tomar la decisión de realizar una investigación postdoctoral en una institución externa porque una vez vuelves "no valoran que hayas publicado, ni que tengas idiomas, ni siquiera que hayas estado un tiempo trabajando en un centro extranjero supercompetitivo".

Lo único que se tiene en cuenta, según los tres jóvenes investigadores, "es la docencia". Y no toda ella. "Si la has hecho fuera, no te la acreditan", alega Mesa, que describe el caso de una investigadora que trabajó varios años en Harvard y ahora no es capaz de conseguir plaza en la Universidad de La Laguna (ULL).

En este sentido, critican que la investigación apenas tenga relevancia a la hora de acceder a un puesto. "La parte de investigación son unos 30 puntos que alcanza todo el mundo, por tanto, siempre el factor diferencial acaba siendo la docencia".

Baremación más justa

El cambio, por tanto, tendría que fraguarse directamente en los sistemas de baremación para el acceso a la institución por cada uno de los contratos de investigación que se ofertan. "Todo resume en endogamia", afirma categóricamente Jessen Ayra. Una realidad con la que también comulgan sus compañeros de debate.

"Las plazas están prácticamente dadas a dedo", prosigue Ayra, que considera que "el que está preparado, con ganas, es nuevo y está a la vanguardia, se queda fuera", por no haber pertenecido a la universidad durante un tiempo o por no tener "un padrino" dentro de la misma.

De hecho, los investigadores aseguran que el propio sistema de más oportunidades a unos alumnos que a otros. "Las propias becas que concede la universidad favorece más a un alumno que está dentro que el que está fuera", lamenta Ayra. "Estamos perdiendo potencial investigador por el sistema en el que está basado la universidad", remarca por su parte Fátima Mesa. "Gente muy buena que ha hecho publicaciones de calidad, se va porque no encuentra un hueco aquí", incide.

Una sola figura dual

Los jóvenes investigadores también ponen el punto de mira en otro aspecto que lastra la investigación en la universidad pública: las figuras asociadas a la investigación. "No se adaptan a la realidad", concluye Mesa, que explica que en la ULL, -pero también en otras universidades españolas- solo existe la figura del docente-investigador. Y "un docente no tiene que ser buen investigador, ni un investigador tiene que ser buen docente", recuerda la bióloga.

"La universidad exige sí o sí dar una carga docente y es lógico que con el tiempo, si no tienes un límite que alcanzar en investigación y solo te valoran la docencia, te vayas acomodando", critica Ayra, que insiste en que si los catedráticos con un puesto fijo "no hacen investigación durante años, no les va a pasar nada". Algo similar ocurre en los Organismos Públicos de Investigación (OPI), aunque con mayor gravedad. "Si consigues un puesto en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y no tienes ningún proyecto de investigación, puedes estar años sin hacer nada porque tampoco tienes la posibilidad de impartir docencia", explica Tagua.

Mientras, a las nuevas incorporaciones "les exigen abarcar la gestión de proyecto, investigar e impartir una cantidad de docencia inviable para una persona", remarca Mesa. Una situación de precariedad y sacrificio personal que no permite la estabilidad hasta, al menos, cumplir los 40 años y que, además, se acrecenta en el caso de las mujeres. "Muchas queremos seguir la carrera científica y nos tenemos que plantear si ser madres o investigadoras porque la situación es muy difícil para nosotras", remarca la bióloga. "Aparte del riesgo que conlleva ser madre con 45 años", apuntilla Tagua.

Soluciones del cambio

La soluciones para modificar esta situación pasan por varios cambios radicales para los que creen que "la universidad está preparada, pero la gente que está dentro no". Respecto a los perfiles ofertados, los investigadores consideran que la solución estaría en emular a otros países. "Tanto en Europa como en Estados Unidos existe la figura del docente y la del investigador asociada a los centros universitarios", explica Mesa, al tiempo que recuerda que eso "en España no se da".

En cuanto al acceso a los puestos laborales, "habría que cambiar los baremos y valorar la potencialidad de la persona que ostenta una plaza". De esta manera, se evitaría que esa persona rindiera menos e incluso, mejorara la calidad de su docencia e investigación.

Los contratos eméritos favorecen el sistema

A los jóvenes investigadores no les parece bien que la Universidad de La Laguna (ULL) esté valorando el establecer "contratos eméritos" para que los docentes que se van a jubilar inminentemente puedan continuar ejerciendo su labor en la institución.

"Existe un cuello de botella para el acceso a plazas y encima creas una figura que mantiene la endogamia", critica la investigadora predoctoral Fátima Mesa. Sus compañeros están de acuerdo con ella, pues consideran, como el experto en genética, Víctor Tagua que "se les puede mantener de otra forma, dando seminarios o talleres".

Lo que en todo caso, quieren evitar estos investigadores es que esos docentes "sigan dando clase" porque, generalmente, "no son buenos". Afirman que pueden dejar esos puestos para personas más motivadas, que estén actualizadas en el día a día de la investigación y a la vanguardia de la docencia. "¿Cómo me voy a ir a hacer un postdoctorado fuera, si lo que están haciendo es invertir en contratos eméritos de gente que se tiene que jubilar?", se pregunta el investigador predoctoral Jessen Ayra.

La rectora de la ULL, Rosa Aguilar, propuso esta fórmula para paliar las jubilaciones masivas que se van a producir en la institución en los próximos años. Según sus cálculos, en cuatro años el 55% de la plantilla de la universidad se jubilará, y con ellos, el potencial investigador.

 

Las claves

Baja tasa de reposición. Durante la crisis, la tasa de reposición de docentes bajo a mínimos históricos. De cada diez docentes que se jubilaban, solo se cubría una de sus plazas.

Jubilaciones masivas. La Universidad de La Laguna (ULL) ha calculado que en un plazo de cuatro años se jubilará el 55% de su plantilla docente. La institución busca alternativas pero la rectora, Rosa Aguilar, alega que "ya hemos llegado tarde".

El sacrificio de la mujer. Dentro del sistema investigador, las mujeres suelen ser las más perjudicadas. Tan solo el 21% del total de catedráticos de España son mujeres y, en parte, es por la falta de estabilidad de la carrera investigadora y por la cantidad de horas que se debe dedicar a docencia, investigación y gestión.

Un docente no tiene que ser buen investigador. Y viceversa. Los jóvenes investigadores critican que solo se pueda acceder a la universidad con un perfil específico, el de docente-investigador. Para ellos, lo "ideal" sería tener la posibilidad de acceder a un puesto de docente, de investigador o dual.

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